Te sigo buscando en las miradas ajenas. Lejanas o atrapadas en un cristal, se me antojan como el último escalón antes de llegar a tu cielo.

Viaje interrumpido, sin sentido, ni rumbo, ni punto de partida.

Otro baile de salón que me deja sentado, mirando entre la gente cómo tus manos se desenvuelven en un ritmo ajeno a la música, ajeno a todo en realidad. Sólo con un sentido para ti, un sentido tan común para todos y tan confuso para mí.

Un baile de manos, ojos y boca que transmiten quien eres, tus anhelos y tus deseos, pero al que soy impermeable. Ni una gota de tu esencia traspasa mi piel; mis sentidos, volcados en ti, no atrapan más que un aura entre la bruma.

Otra vez perdido en mi propio laberinto, otra vez necesitando lo inalcanzable, otra vez en que lo bueno me hiere y lo malo me mata.